La importancia de la cultura de aprendizaje
7 junio, 2017

Modelos para educación en emprendimiento

La cultura de aprendizaje debe estar inspirada por un modelo pedagógico que identifica la estrategia de aprendizaje y sus porqués. La crisis de la educación convencional viene ocasionada en gran medida por un modelo obsoleto que en el mejor de los casos pretende actualizarse, sin éxito, conservando la cultura tradicional de las instituciones educativas. Quizás en ningún ámbito se visibiliza mejor esta crisis que en la educación en emprendimiento dado que el propio proceso de emprendimiento “no académico” constituye a la vez un proceso de aprendizaje para los que emprenden, aunque sea informal, y se puede constatar de primera mano la brecha entre esta forma de aprender y la propia del mundo académico.

En este sentido podríamos definir al menos 3 modelos pedagógicos diferentes que además representan en cierta medida la evolución de la educación formal en las últimas décadas. Estos modelos no son específicos de la educación en emprendimiento pero si representan 3 formas de entender el desarrollo de las personas con capacidades emprendedoras y, a la vez, el potencial del emprendimiento como herramienta de aprendizaje.

Podemos definir la educación convencional o académica como educación bancaria, en el sentido que le dio Paulo Freire. El objetivo es “depositar” en el cerebro del que aprende capas de contenidos. El estudiante pasivo se dedica a “acumular” y asimilar contenidos hasta que éstos alcanzan una masa crítica que le permiten movilizarlos para desempeñar una acción efectiva (inicialmente habilidades y finalmente un proyecto “real” o una profesión). Este modelo olvida casi por completo los procesos sociales (la interacción entre los estudiantes y con los maestros, el diálogo, la práctica, las experiencias …) y por sus evidentes limitaciones han surgido a lo largo de su historia diversos “parches” que o bien la complementan o bien mejoran el proceso de acumulación de contenidos.

Un modelo pedagógico alternativo con una larga historia es la educación profesional. Desde la Edad Media conocemos los gremios donde los aprendices aprenden su profesión en relación directa con sus maestros, artesanos que transmiten sus saberes directamente mediante la observación, el diálogo, la práctica continua … El sistema ha continuado hasta nuestros días en algunos ámbitos por su efectividad en la educación profesional y de hecho el propio sistema de Formación Profesional español o de otros países utiliza en parte formas evolucionadas de este modelo pedagógico.

Este modelo pedagógico profesional está basado en la inmersión del que aprende en un entorno profesional donde su propia práctica y la interacción continua con los expertos le permite desarrollar los conocimientos y habilidades propias de esa profesión. Una versión especial de este modelo pedagógico aplicada a la educación en emprendimiento es en nuestra opinión Team Academy (TA). Este método de educación, desarrollado inicialmente en Finlandia, ha alcanzado posiblemente su mayor desarrollo e impacto en la red Mondragon Team Academy. TA es un caso especial dado que al formar emprendedores el entorno “profesional” lo crean (o recrean) los que aprenden dado que su propia práctica, al estar basada en proyectos emprendedores reales, genera el entorno.

La educación profesional ha alcanzado enorme popularidad al enfrentar de forma efectiva los problemas y limitaciones que surgen en la educación bancaria, permitiendo procesos basados en la experiencia y en el diálogo. Pero ambos modelos siguen siendo limitados y, en nuestra opinión, no abordan las verdaderas necesidades de los ciudadanos y profesionales contemporáneos, para los que la actitud y capacidad emprendedora es un marco de desarrollo personal y profesional esencial y no solo para aquellos que pretenden crear una empresa. Podemos utilizar la metáfora del mapa para explicarlo. La educación bancaria es la que te permite leer un mapa pero sin que nunca hayas tenido que circular por ese territorio. La educación profesional te permite circular de modo efectivo por algunas de las rutas del mapa, pero no necesariamente te hace ser capaz de leer el mapa completo (ni explorarlo de forma real en su totalidad). Pero en un mundo dominado por la incertidumbre y los problemas complejos, las rutas establecidas y los mapas son instrumentos limitados y limitantes. Lo que en realidad necesitamos son personas capaces de crear sus propios mapas. Y la creación de mapas necesita un modelo pedagógico experimental.

La educación experimental constituye el modelo básico que inspira los programas desarrollados por XTribe y se basa en potenciar las capacidades de investigación y de creación de los que aprenden, que se enfrentan a problemas o retos para los que no cuentan con recetas pre-definidas. En su abordaje deben comprender de forma profunda el universo donde hacen inmersión y crear sus propios abordajes y soluciones. El término experimental es hermano de otros como expandido o experiencial que son elementos básicos de este modelo pedagógico.

La educación experimental debería ser, desde nuestro punto de vista, el modelo para la  transformación de la universidad y sus procesos de aprendizaje:

rescatar el espíritu crítico o, en otras palabras, la capacidad para construir buenas preguntas; es decir, para aceptar la responsabilidad por los efectos de nuestras producciones y, aprendiendo de los errores propios y ajenos, buscar soluciones que sean más inclusivas, más sostenibles y más situadas.

Pero fomentar el espíritu crítico no es suficiente. También se necesita desplegar todas nuestras habilidades creativas. Y no solamente estamos hablando de capacidades técnicas o retóricas, sino las que genéricamente llamamos poéticas. Queremos unos jóvenes que arriesguen hipótesis, conexiones, relaciones o ensoñaciones que la razón no autoriza, pero que la inteligencia emocional reclama.

En los próximos posts veremos como las diferencias entre estos modelos tienen consecuencias claras sobre las competencias y conocimientos que se desarrollan y los métodos de aprendizaje.

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